A lo lejos, en la oscuridad del inmenso y profundo vacío, escucho un caballo relinchar fuertemente, inquieto, como si algo lo molestara, como si algo lo acechara, como si tratara de huir y estuviera amarrado... en mi mente lo imagino, elevando al aire sus patas delanteras, enredando su melena y vociferando su miedo.
De pronto, continúo la lectura, mi libro de pastas negras y una cruz patriarcal roja al frente, encierra una historia incesante y estremecedora... pienso, imagino las escenas que cada página me describe, siento ese nerviosismo maldito en las piernas, como si un millón de hormigas me corrieran de arriba a abajo.
Pienso en mi madre, me pongo nervioso, busco respuestas a lo que le está pasando, siento miedo, le pido a Dios que me reconforte, que le de salud a mi mamá, que no sea lo peor, que me de paz...
Hace mucho tiempo que no sentía esta clase de miedo.
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