sábado, 24 de septiembre de 2016
viernes, 23 de septiembre de 2016
Casualidad
No soy una persona que crea en muchas cosas, pero con el paso del tiempo y el trascender de las situaciones te das cuenta que no todo es una simple coincidencia. Creo que todo lo que sucede, bueno o malo, alrededor de nuestras vidas, de alguna manera influye en el desarrollo de lo que sucederá, en cómo ves la vida y en tu forma de crecer para vivirla. Hoy, por ejemplo, cuando casi terminaba mi jornada matutina, los compañeros organizaron comprar comida y almorzar todos juntos... me preguntaron si me quedaba y acepté aunque no mucho quería. Terminé mis ocupaciones y esperamos la comida, finalmente llegó y almorzamos todos juntos riendo y platicando. Al finalizar salí para proceder a descansar y justo cuando salí, ahí estabas, tan bella y sonriente como siempre. Tu no me viste (creo), pero verte, como siempre, al principio es motivo para ponerme totalmente nervioso, y casi al mismo tiempo, mi mejor remedio contra la ansiedad.
Dios responde de distintas maneras, según su voluntad y acorde a lo que Él tiene planeado. Yo anoche le hablé, me respondió hoy.
PD. Te perdiste de verme, por primera vez, con una camisa rosada.
Dios responde de distintas maneras, según su voluntad y acorde a lo que Él tiene planeado. Yo anoche le hablé, me respondió hoy.
PD. Te perdiste de verme, por primera vez, con una camisa rosada.
sábado, 17 de septiembre de 2016
"Haz lo que Quieras"
Haz lo que quieras, me dijiste, con cierto enojo, con cierta ira, y eso es exactamente lo que voy hacer.
Voy a pelear, voy a luchar, voy a nadar contra la corriente que es tu corazón, porque ese corazón vale la pena, porque a tu vida no la dejas ir tan fácil, porque lo vales todo, porque me encantas, porque la felicidad existe cuando estamos juntos, porque te amo tanto.
Voy a pelear, voy a luchar, voy a nadar contra la corriente que es tu corazón, porque ese corazón vale la pena, porque a tu vida no la dejas ir tan fácil, porque lo vales todo, porque me encantas, porque la felicidad existe cuando estamos juntos, porque te amo tanto.
viernes, 9 de septiembre de 2016
Recuerdos
Veo el amor de los demás, parejas caminando por las calles con las manos entrelazadas, abrazándose, besándose...recuerdo que por años no pudimos tomarnos de la mano al caminar, pero que cuando podías, me pedías que te abrazara, que tu me abrazabas cuando manejaba tu moto e ibas atrás, que nos besábamos en cualquier momento que pudiéramos, que me pasabas agua, que nos tirábamos besos al aire y de eso nació el "mua mua mua"...
¿Lo recuerdas?
¿Qué hago con estos recuerdos que renacen en mi mente? ¿Cómo seguir si mi cabeza es tu hogar? ¿Qué hago?
¿Lo recuerdas?
¿Qué hago con estos recuerdos que renacen en mi mente? ¿Cómo seguir si mi cabeza es tu hogar? ¿Qué hago?
viernes, 26 de agosto de 2016
...
En su momento no asimilé lo que sería de ti y de mi, cuando pusimos punto final al nosotros. Ahora lo sé, y me duele, me cuesta aceptarlo... ¿cómo puedo seguir adelante, si estas de vuelta, si la distancia ya no es un problema, si tu encontrarás en alguien más todo lo que yo no pude darte, si serás feliz mientras yo sigo aquí esperándote?
Siempre te dije que tu felicidad era la mía, y tengo que aceptarlo asi, porque no puedo ni quiero interferir en que tu seas feliz, en que tu sonrisa siga brillando y alegrando a quienes te rodean.
Eso sí, no deseo más que lograr hacerte feliz, que estemos juntos y, quizás, vayamos a la feria.
Siempre te dije que tu felicidad era la mía, y tengo que aceptarlo asi, porque no puedo ni quiero interferir en que tu seas feliz, en que tu sonrisa siga brillando y alegrando a quienes te rodean.
Eso sí, no deseo más que lograr hacerte feliz, que estemos juntos y, quizás, vayamos a la feria.
martes, 23 de agosto de 2016
Tía Cándida
Ese momento, cuando llega, es difícil de asimilar, lleva mucho más tiempo aceptarlo y seguir adelante.
Que esto último sea posible, no lo sé, no he perdido a alguien tan cercano a mi como para plantearmelo, no quiero que suceda aunque las leyes de la vida así lo dicten.
Ayer por la mañana se fue mi tía Cándida, no escuché muy bien si tenía 83 u 86 años, pero en estos tiempos que vivimos alcanzar esa edad ya es todo un logro. Esa señora era calidá, nunca dejó de sonreír y de querernos muchísimo.
Recuerdo que cuando era niño, mi papá y ella solían tomarse un octavito en la tienda (parrandera, si), justamente era yo quien tenía que ir a comprarlo a una tienda que ya no existe. Lo bonito no era que bebieran, sino que platicaban, molestaban, se mataban de la risa y no por culpa del alcohol precisamente, ella era bromista y bastante ocurrente.
Con el paso del tiempo a ella se le dificultó salir de su casa, aunque no dejó de visitar a otra tía que vive a la par. Estando ahí se sentía feliz. Mi mamá me contó que ella cantaba, molestaba, se echaba sus gritos a viva voz y tenía dibujada una sonrisa, seguramente la tía tiene un afecto especial por sus sobrinas vecinas, siempre la tuvieron contenta y, a escondidas de la familia con quien vivía en su propia casa, se echaba un su traguito, lo cual la ponía más feliz, evidentemente.
Sólo recuerdos nos deja, junto a una tristeza muy grande, como cuando cualquier familiar que se da a querer por todos, nos deja.
Personalmente, recordaré siempre el cariño que me tenía, la alegría con la que vivió el hecho de que me graduara, y que siempre preguntaba por mi si no me veía en cierto tiempo. Imposible será olvidar a la viejita que nos quería a mis primos y a mí como sus propios nietos, si algo tenían en común ella y mi abuela es la sencillez de sus vidas y su amor incondicional para nosotros, su familia. El reencuentro en el cielo ya está hecho.
Descanse tía, estamos tristes, pero felices que se haya ido en paz y sin haber sufrido.
Es complicado verlo desde esta perspectiva en estos momentos, pero, quizás, somos egoístas cuando un familiar al que queremos tanto nos deja. Pensamos en quién estará ahí para nosotros, quién nos aconsejará, nos guiará... pero no pensamos que, tal vez, este familiar está ya en paz y gracia, como lo promete la religión o Dios o quien sea que lo prometa. Nosotros seguimos, porque no hay de otra, de repente algun día los alcanzaremos, pero hay que dejarlos descansar, tratar de ser fuertes y aceptar la idea de que están mejor que nosotros, que su sufrimiento acabó y ahora solo nos esperan.
Que esto último sea posible, no lo sé, no he perdido a alguien tan cercano a mi como para plantearmelo, no quiero que suceda aunque las leyes de la vida así lo dicten.
Ayer por la mañana se fue mi tía Cándida, no escuché muy bien si tenía 83 u 86 años, pero en estos tiempos que vivimos alcanzar esa edad ya es todo un logro. Esa señora era calidá, nunca dejó de sonreír y de querernos muchísimo.
Recuerdo que cuando era niño, mi papá y ella solían tomarse un octavito en la tienda (parrandera, si), justamente era yo quien tenía que ir a comprarlo a una tienda que ya no existe. Lo bonito no era que bebieran, sino que platicaban, molestaban, se mataban de la risa y no por culpa del alcohol precisamente, ella era bromista y bastante ocurrente.
Con el paso del tiempo a ella se le dificultó salir de su casa, aunque no dejó de visitar a otra tía que vive a la par. Estando ahí se sentía feliz. Mi mamá me contó que ella cantaba, molestaba, se echaba sus gritos a viva voz y tenía dibujada una sonrisa, seguramente la tía tiene un afecto especial por sus sobrinas vecinas, siempre la tuvieron contenta y, a escondidas de la familia con quien vivía en su propia casa, se echaba un su traguito, lo cual la ponía más feliz, evidentemente.
Sólo recuerdos nos deja, junto a una tristeza muy grande, como cuando cualquier familiar que se da a querer por todos, nos deja.
Personalmente, recordaré siempre el cariño que me tenía, la alegría con la que vivió el hecho de que me graduara, y que siempre preguntaba por mi si no me veía en cierto tiempo. Imposible será olvidar a la viejita que nos quería a mis primos y a mí como sus propios nietos, si algo tenían en común ella y mi abuela es la sencillez de sus vidas y su amor incondicional para nosotros, su familia. El reencuentro en el cielo ya está hecho.
Descanse tía, estamos tristes, pero felices que se haya ido en paz y sin haber sufrido.
Es complicado verlo desde esta perspectiva en estos momentos, pero, quizás, somos egoístas cuando un familiar al que queremos tanto nos deja. Pensamos en quién estará ahí para nosotros, quién nos aconsejará, nos guiará... pero no pensamos que, tal vez, este familiar está ya en paz y gracia, como lo promete la religión o Dios o quien sea que lo prometa. Nosotros seguimos, porque no hay de otra, de repente algun día los alcanzaremos, pero hay que dejarlos descansar, tratar de ser fuertes y aceptar la idea de que están mejor que nosotros, que su sufrimiento acabó y ahora solo nos esperan.
sábado, 20 de agosto de 2016
Inhibido
"A partir del término inhibido se podrá designar a aquel o a aquello que sufre el efecto de alguna restricción, prohibición o impedimento, ya sea para actuar o para desempeñarse libremente y tal cual es."La gran chucha.
Ayer por la noche fui a un taller de fotografía de bodas impartido por Mario Ventura. En términos generales estuvo bien, aprendí un poco más sobre este bello arte.
Habían otros fotógrafos que tienen más experiencia que yo, algunos que conocía únicamente por facebook y por ese mismo medio había visto su trabajo.
No me surgieron muchas dudas respecto a la plática, hice una que otra pregunta, y al final, como siempre, nos tomamos la dichosa foto de grupo, como recuerdo del taller y bla bla bla. Hasta aquí todo normal, no soy mucho de sacarme fotos y quienes me conocen lo saben, prefiero estar del otro lado de la cámara. Pero a pesar de esto, al venir a mi casa y ver la foto, sentí algo de preocupación y, quizás, vergüenza.
Adivinen quién soy yo.
Salir serio en las fotos es algo que hago incluso con las pocas que yo me he tomado, ¿para qué sonreír si tengo brackets? Realmente tendría que estar muy, muuuuy feliz como para sonreír en una foto, quizás tendría estar en un concierto o divirtiéndome con mis amigos para que algo así suceda. El problema acá es que casi no hablé con nadie, y eso es algo que siempre me ha costado: socializar. Todos estos cuates comparten conmigo el gusto por la fotografía, unos por diversión como en mi caso, otros porque viven de ello. Y ni así. Se mostraron como personas muy abiertas, platicadoras, y yo ahí sentado sin decir ni pio.
Me sentí mal no por el qué dirán (me vale), sino que, a mi tierna edad de 24 casi 25 años, me estoy amargando solito. Pienso que pude haber hecho una mueca, fingir una medio sonrisa, o algo. Pero no lo hice, ni siquiera me di cuenta en ese momento que hicieron esas poses cuando tomaron la foto.
No creo en la hipocresía, me reiré cuando tenga ganas de hacerlo, nada como lo natural, pero quizás abra un poco más la boca, haré un poco más de muecas como los de la foto, ¿qué mas da? Ya tendré tiempo en mi vejez de ser un arrugado amargado, por ahora soy joven, es tiempo de vivir como tal. Quien quita y relacionándome un poco más, pueda reír más.
jueves, 18 de agosto de 2016
Oscuridad
Nos atrapaba mientras dormíamos;
Nos rodeaba cuando hacíamos el amor;
Nos acariciaba cuando nos escondiamos del mundo y solo eramos tu y yo en una habitación;
Nos encontramos con ella en cada beso, al cerrar los ojos;
Nos llenaba de soledad y éramos uno.
La encontré de noche y me acompaña,
Me recuerda a ti,
Me recuerda a lo que quedó atrás,
Esta dulce oscuridad, que todo lo atrapa,
Que todo lo rodea, que todo lo llena.
Esta oscuridad que me ilumina,
Que me pregunta por ti,
Que no está bien si no estás tú aquí,
Que me pide que vengas,
Que necesita cubrirnos, juntos.
martes, 16 de agosto de 2016
¿Qué harías sin mí?, me decías...
¿Qué harías sin mí? me decías, por molestar, por recordarme que en ese momento, ¿qué haría yo sin ti?
Te fuiste, tomaste el primer tren, a primera hora, con tus sueños en las maletas y la ilusión tan grande como tu sonrisa.
Nos separamos, cada kilómetro mide una relación que tendría este final, aunque no lo aceptáramos así, aunque lo intentamos, aunque nos amamos.
La vida sigue, permanentemente; y es momento de responder la pregunta que tanto me hacías: ¿qué haría yo sin ti?
Te fuiste, tomaste el primer tren, a primera hora, con tus sueños en las maletas y la ilusión tan grande como tu sonrisa.
Nos separamos, cada kilómetro mide una relación que tendría este final, aunque no lo aceptáramos así, aunque lo intentamos, aunque nos amamos.
La vida sigue, permanentemente; y es momento de responder la pregunta que tanto me hacías: ¿qué haría yo sin ti?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




